Ubicada en la provincia cajamarquina de Jaén, la huaca Montegrande, descubierta por el arqueólogo peruano Quirino Olivera, es la primera construcción en la Amazonía destinada a la veneración y culto religioso con una antigüedad de 5 mil 300 años, la cual está formada por una gran espiral de 400 m2 donde se han encontrado una gran cantidad de restos arqueológicos como cerámicas, batanes de piedra, artefactos, enterramientos humanos y fogones.
La espiral es el símbolo más antiguo y universal de la historia de la humanidad y su significado está vinculado al ciclo de la vida. La zona donde se encuentra Montegrande forma parte de un ecosistema rico en biodiversidad, donde aún hoy se cultivan variedades de cacao nativo. Este vínculo entre pasado y presente nos recuerda que el conocimiento ancestral sigue vivo en las prácticas de los agricultores actuales, quienes continúan siendo guardianes de semillas y territorios.
Montegrande está conectada, a través del río Chinchipe, con otra huaca ubicada en el cantón ecuatoriano de Palanda, lugar donde se encontraron ofrendas ceremoniales, entre las que destacan esculturas de piedra en forma de mazorcas y semillas de cacao, siendo las más antiguo del mundo que data de hace 5 mil 300 años.

NUESTRA EXPERIENCIA
Decidimos viajar al norte del Perú y nuestra ruta coincidió intencionalmente en Jaén-Perú. Diana escuchó varias veces mencionarse, en círculos de cacao, la Huaca Montegrande, descubierta por el arqueólogo peruano Quirino Olivera. Me he dado cuenta que este gran espiral de cacaoteros, donde nos reunimos a tomar chocolate, entre amigos, familia, «seres extraños», se siente finalmente muy cercano.
¿Cómo llegamos? Buscando inspiración y conocimiento acerca del cacao, conocimos a la familia Velásquez. Don Oscar y su hija Diana, nos recibieron en Jaén y compartimos también en su jardín de cacaotales, una finca con propósito y conciencia. Estamos muy contentos de haberlos conocido y nos ponemos al servicio para ser un puente y compartir las bondades de las variedades nativas de su tierra. El cacao nos presentó, y también al visitar su tierra sentí lo importante que es darle de tu tiempo a cuidar la vida. Ellos nos mencionaron nuevamente la huaca, y al día siguiente tocamos el portón con la sorpresa de ser recibidos por el mismo Quirino Olivera. Sin duda, nosotros nos sentimos profundamente agradecidos de ser recibidos con los brazos abiertos a donde vamos.

EL RITUAL
La intención de nuestra visita fue pedir permiso a la tierra, nuestro proyecto se trata de una planta que ha sido símbolo en las mentes de diferente pueblos, esa memoria se activa en la humanidad cuando compartimos una taza de cacao, caminamos entre los cacaotales, nos alimentamos de sus frutos, cuando visitamos los templos de nuestros ancestros. Nos sorprendimos gratamente cuando el Dr. Quirino nos recibió amablemente, nos explicó el proceso de su hallazgo, sus cuestionamientos, conversar con él fue un viento fresco en la ciudad calurosa de Jaén. Nos dimos cuenta también acerca de las necesidades de la huaca, es un proyecto complejo de excavación y la temporada de lluvia ya había iniciado. Nos encontramos con la huaca tapada pero durante una fase de la investigación muy interesante, en el centro del espiral se presume que se encuentra los restos funerarios de al menos una momia. Quirino tiene la hipótesis que va a encontrar a una pareja de importante jerarquía espiritual.
Recibimos la gracia de ser presentados a la huaca, realizamos un brindis, nos sahumaron con palo santo y elevamos un rezo. Momentos como esos son los que podría describir como extraordinarios, milagrosos, mágicos. El cacao es una semilla nativa del Amazonas, y se me hizo coherente ir a pedirle permiso a la tierra en su lugar de origen, en esta experiencia sentí cómo nuestros propósitos con Dihanyao Cacao están guiados por fuerzas invisibles de la naturaleza. Agradecemos profundamente a nuestros amigos en Jaén-Perú. Estoy orgullosa de ser peruana, de coincidir con peruanos que aman su tierra, sus orígenes y la memoria heredada, que realizan su labor aquí en la tierra desde el respeto por la vida y en una danza misteriosa con la muerte. Es inspirador haber pasado unos días en Jaén como parte de nuestra Ruta del Cacao, visitar la finca de Don Oscar, conocer chocolateras como el equipo de Kumay y Yuri de Kairos, pasar tiempo con Dianita, orar y cantar al lado del rio en la finca de su padre, visitar la huaca y ver los ojos apasionados de Hayo quien es amante de la historia y arqueología, definitivamente somos orquestados por el gran espíritu.

